La sofisticada marca suiza Greubel Forsey vuelve a desafiar los límites de la Alta Relojería con la presentación del Balancier QM, una pieza que inaugura una nueva filosofía de fabricación dentro de la manufactura suiza. Limitado a apenas 33 ejemplares, el reloj introduce oficialmente el estándar Qualité Musée, una certificación interna que busca llevar el acabado manual de cada componente al nivel de una auténtica obra de museo.
Desde su fundación en 2004, Greubel Forsey se convirtió en una referencia absoluta por la calidad de sus terminaciones, pero hasta ahora ese nivel de exigencia no tenía un nombre. Con el lanzamiento de este modelo, la marca formaliza ese compromiso bajo el sello Qualité Musée, desarrollado por su Experimental Watch Technology Laboratory.
La caja, fabricada en oro blanco de 18 quilates, mantiene una proporción relativamente contenida para los estándares de la firma: 39,6 mm de diámetro. Bajo un cristal de zafiro abombado se despliega una arquitectura tridimensional que se ha convertido en una de las señas de identidad de Greubel Forsey. El gran volante de 12,6 mm, fabricado íntegramente por la propia manufactura junto con su espiral, domina la escena, acompañado por una indicación de pequeños segundos, un indicador de reserva de marcha de 72 horas y un movimiento manual compuesto por 298 componentes.
Con este lanzamiento, Greubel Forsey no busca añadir más complicaciones ni incrementar el número de funciones. Su objetivo es otro: redefinir hasta dónde puede llegar el trabajo manual en la relojería contemporánea. En una industria donde la innovación suele medirse por la cantidad de complicaciones, el Balancier QM propone una idea diferente: que la verdadera innovación también puede consistir en perfeccionar cada detalle hasta un nivel prácticamente imposible de superar.



